La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones más comunes de rodilla, tanto en deportistas como en personas que no practican deporte con regularidad. Este ligamento, situado en el centro de la rodilla, es clave para mantener la estabilidad de la articulación, especialmente en movimientos de giro o cambio de dirección. Cuando se rompe, la sensación es inconfundible: un chasquido, dolor intenso e incapacidad para continuar la actividad. A partir de ahí, el proceso de recuperación dependerá en gran medida de un factor decisivo: la rehabilitación fisioterapéutica.
Antes de la cirugía: la importancia de la “prehabilitación”
La mayoría de los pacientes que sufren una rotura completa del ligamento cruzado anterior necesitarán una intervención quirúrgica para reconstruirlo. Sin embargo, el trabajo previo a la cirugía es tan importante como la propia operación.
Durante las semanas previas, el objetivo de la fisioterapia es reducir la inflamación, recuperar la movilidad y fortalecer la musculatura que estabiliza la rodilla. Llegar a quirófano con una rodilla flexible, fuerte y sin derrame articular mejora enormemente los resultados postoperatorios. De hecho, diversos estudios demuestran que los pacientes que realizan prehabilitación presentan una recuperación más rápida y menos dolor después de la cirugía.
En esta fase, el fisioterapeuta trabaja con:
- Ejercicios de movilidad pasiva y activa del rango articular.
- Activación del cuádriceps y los isquiotibiales.
- Técnicas de drenaje y control de la inflamación.
- Entrenamiento propioceptivo suave, para mantener la conexión neuromuscular.
Además, el paciente aprende a moverse con muletas, subir y bajar escaleras y cuidar la pierna operada tras la intervención. Esta preparación física y mental facilita que el postoperatorio sea más llevadero y reduce el riesgo de rigidez articular o atrofia muscular.
Después de la cirugía: recuperar la estabilidad paso a paso
Tras la reconstrucción del ligamento, la rodilla necesita volver a funcionar de forma progresiva. El cuerpo debe aprender de nuevo a confiar en la articulación, a estabilizarse y a moverse sin miedo.
Aquí entra en juego una fisioterapia estructurada por fases:
- Fase inicial (0-4 semanas):
- Control del dolor y la inflamación.
- Movilización pasiva y ejercicios isométricos del cuádriceps.
- Trabajo de flexo-extensión progresiva y reeducación de la marcha.
- Control del dolor y la inflamación.
- Fase intermedia (1-3 meses):
- Fortalecimiento de cuádriceps, glúteos e isquiotibiales.
- Ejercicios de equilibrio y control postural.
- Introducción del trabajo propioceptivo (plataformas inestables, bosu, bandas elásticas).
- Fortalecimiento de cuádriceps, glúteos e isquiotibiales.
- Fase avanzada (3-6 meses):
- Reeducación de saltos, giros y cambios de dirección.
- Entrenamiento funcional específico según la actividad o deporte.
- Preparación para la vuelta progresiva al entrenamiento o vida laboral activa.
- Reeducación de saltos, giros y cambios de dirección.
La clave en todo este proceso no es la velocidad, sino la calidad del movimiento y la supervisión constante del fisioterapeuta. Cada paciente evoluciona a un ritmo distinto; forzar el retorno prematuro puede poner en riesgo el injerto y provocar recaídas.
Rehabilitación en pacientes no deportistas
Aunque muchas personas asocian la rotura del LCA con el deporte, también ocurre en accidentes domésticos o laborales. En estos casos, la fisioterapia busca restaurar la funcionalidad cotidiana, no tanto el rendimiento físico. Caminar sin dolor, subir escaleras o recuperar la confianza al bajar pendientes son los objetivos principales. La rehabilitación se centra en fortalecer la musculatura estabilizadora de cadera y rodilla, mejorar la propiocepción y eliminar la rigidez.
Incluso en pacientes de mediana edad que deciden no operarse, la fisioterapia es fundamental para compensar la falta del ligamento mediante control muscular y entrenamiento neuromotor. De esta manera, se evita la inestabilidad crónica y el deterioro del cartílago articular.
Rehabilitación en deportistas
En deportistas, el reto es mayor: no se trata solo de recuperar la movilidad, sino de volver al nivel previo de rendimiento sin riesgo de recaída. El fisioterapeuta deportivo trabaja de forma multidisciplinar para integrar fuerza, potencia y control. Además de los ejercicios clásicos, se incluyen:
- Entrenamientos pliométricos y de salto controlado.
- Simulación de gestos deportivos específicos.
- Trabajo de coordinación intermuscular y velocidad de reacción.
- Evaluaciones objetivas de fuerza y simetría antes del retorno al juego.
El objetivo es que el deportista recupere la confianza y que la rodilla responda con estabilidad ante situaciones de máxima exigencia.
Recomendaciones generales
- Evita compararte con otros pacientes: cada rodilla y cada cirugía son únicas.
- Sigue siempre las pautas de tu fisioterapeuta y del cirujano.
- Cuida la alimentación y el descanso: ambos influyen en la recuperación del tejido ligamentoso.
- Mantén una actitud activa y paciente; la rehabilitación es un proceso gradual.
La solución fisioterapéutica
En Althea, acompañamos al paciente desde el momento de la lesión hasta la vuelta completa a su actividad, adaptando cada fase a sus necesidades y ritmo de vida. Nuestro enfoque combina fisioterapia manual, readaptación funcional y trabajo propioceptivo con tecnología y seguimiento individualizado. Durante la prehabilitación ayudamos a reducir la inflamación y preparar la rodilla para la cirugía.En la etapa postoperatoria, guiamos la recuperación paso a paso, garantizando estabilidad, fuerza y confianza. Tanto si eres deportista como si simplemente deseas recuperar tu movilidad diaria, en Althea te ayudamos a volver a moverte sin dolor y con seguridad.
